Luego de algunas horas de ser arrestados por sospecha de incendio premeditado, Paul McCartney y Pete Best amanecen en la estación policial St. Pauli. Son liberados y se les permite ir a descansar al ático donde supuestamente se mudarían, arriba del Top Ten. Sin embargo, para el medio día fueron despertados con fuertes golpes en la puerta. Best abrió, y dos policías de civil les solicitaron que se cambien para llevarlos en un auto al despacho policial principal criminal de Hamburgo.
Herr Gerkins, oficial a cargo, les dió la noticia de que serían deportados hacia Londres vía aérea, a la medianoche. Paul y Pete no podían comprender en su totalidad la decisión ni las razones haciendo todo más confuso, ya que el alemán de ambos era muy limitado.