Esta mañana, John Lennon concedió una entrevista para Record World, una revista especializada en la industria musical, para promocionar su álbum Mind Games. Los entrevistadores fueron Spence Berland y Beverly Magrid. El encuentro tuvo lugar en la casa de Lou Adler en el 800 de Stone Canyon Road, en Bel Air, donde se alojaban Lennon y May Pang.
Tras la entrevista, Lennon acude a los estudios A&M de Los Angeles donde Phil Spector y él se encuentran produciendo su disco Rock ‘N’ Roll. Lennon trabaja en la canción Sweet Little Sixteen, de Chuck Berry, un tema que solía interpretar junto a los Beatles desde que se llamaban The Quarrymen.
Acabada la sesión, Lennon y May Pang asistieron a una actuación de Jerry Lee Lewis en West Hollywood, en el recientemente inaugurado Roxy Theatre de Los Angeles.
El veterano del rock and roll pasó un momento amargo al ver que su público volteaba a ver constantemente al balcón donde Lennon se encontraba, reconociéndolo a pesar de su cabello tan corto.
Lee Lewis se marchó molesto al camerino, donde Lennon fue a visitarlo.
Entre el público también se encontraba el guitarrista Rory Gallagher, quien más tarde recordó aquella velada:
Por aquel entonces, Lennon atravesaba su «etapa en Los Ángeles» y llevaba el pelo muy corto; aun así, todo el mundo lo reconoció y, cuando se sentó en el balcón, los asistentes se giraron para mirarlo. Huelga decir que el hecho de que le estuvieran robando el protagonismo sacó de quicio a Jerry Lee. Empezó a tocar el «Jerry Lee Rag», pero el público seguía mirando hacia arriba, hacia Lennon, y cuchicheando sobre él. De repente, Jerry Lee se detuvo y empezó a despotricar, diciendo que los Beatles eran una «mierda», que los Stones también eran una «mierda» y que nadie sabía tocar el auténtico rock and roll como él.
A Lennon le encantó aquello. Con una bota apoyada en el borde del balcón, empezó a animar a Jerry Lee, gritando —con ese tono tan característico suyo—: «¡Eso es, tienes razón, tío! ¡Los Beatles son una mierda!». La gente empezó a reírse, pero Jerry Lee pensó que Lennon le estaba insultando, así que perdió los papeles por completo: empujó el piano por todo el escenario y se marchó dando pisotones.Yo no le tenía demasiado miedo a Jerry Lee porque había trabajado con él en las sesiones de grabación, pero, por lo visto, los demás estaban aterrorizados; de hecho, no había nadie más en el camerino cuando Tom y yo entramos.
Estábamos charlando tranquilamente, recordando aquellas sesiones y cosas por el estilo, cuando, de repente, se abrió la puerta y entró Lennon. Se hizo un silencio sepulcral durante un par de segundos. Yo me quedé mirando fijamente a Jerry Lee para ver cómo reaccionaría. Pero Tom O’Driscoll no pudo dejar pasar la oportunidad: era un gran admirador de los Beatles, así que se acercó a Lennon, se arrodilló, le besó la mano y le dijo: «Llevo veinte años esperando para conseguir el autógrafo del rey del rock ‘n’ roll».Por supuesto, esto sacó a Jerry Lee de sus casillas. Se llevó la mano al calcetín —como si guardara un arma allí— y empezó a buscar algo que lanzar o romper. Lennon, al darse cuenta de la situación, firmó rápidamente el papel de Tom y, para calmar los ánimos, tomó el bolígrafo y otro trozo de papel, cruzó la sala y se dirigió a Jerry Lee. Hizo exactamente lo mismo que Tom había hecho con él: se arrodilló, le besó la mano a Jerry Lee y dijo: «¡Llevo veinte años esperando para conseguir el autógrafo del rey del auténtico rock ‘n’ roll!».
Jerry Lee quedó encantado. Firmó el papel, empezaron a charlar y todo se arregló. Fue un momento maravilloso.
— Rory Gallagher (Hot Press, julio de 1995)

