Continuando su tour junto a Roy Orbison, los Beatles actúan en el Odeon Cinema de Southend-on-Sea, Essex.
Mientras tanto, el Daily Express publica la reseña de Derek Taylor, sobre la presentación de los Beatles el día anterior en el Odeon Cinema de Manchester:
Midiendo palabra por palabra, permítanme hacer una declaración solemne: gracias a la ciudad de Liverpool, la música popular, después de años de caos y basura indescriptible, ha vuelto a ser sana, alegre y buena.
El Sonido de Liverpool llegó a Mánchester anoche, y me pareció magnífico… Indescifrable, sin sentido, claro, pero tan beneficioso y vigorizante como una semana en la playa del muelle con vista al Mersey.
El espectáculo de estos artistas jóvenes, frescos, descarados y agudos, en contraposición a los idólatras adolescentes de ojos brillantes, es tan bueno como una droga rejuvenecedora para el adulto cansado.
Supongo que aún no hay – por ahora – un músico de primera clase entre ellos. El público de anoche, lleno de gritos, no dejó espacio al oído para captar dos notas seguidas. Y las compañías discográficas pueden hacer maravillas en los estudios. Así que, ¿cómo saber si hay calidad?
También supongo que en otros 12 meses otro sonido será alimentado a los adolescentes. Pero mientras tanto, Los Beatles y Gerry and the Pacemakers – quienes, con su primer disco, llegaron al número 1 de las listas de éxitos – fueron una sensación considerable.
Su actitud en el escenario tiene poco de pulida pero una energía sin límites, y poseen en abundancia el buen humor tosco y fundamental de su ciudad natal.
Era difícil creer que la recepción que tuvieron al cerrar la primera parte de un programa generoso sería superada por el ruido que recibió a Los Beatles.
Uno subestima al público adolescente, que ajusta su entusiasmo en proporción al estatus de una estrella. En realidad, habíamos ido a ver a Los Beatles.
Cuando los trajes negros sin solapas y los peinados romanos negros y gruesos de las estrellas aparecieron bajo una cascada de elogios escandalosos del presentador, el cine enloqueció.
Nadie podía escucharse ni siquiera al intentar pensar. El acto fue mayormente ahogado por los gritos, pero no importaba en absoluto.
Fue maravilloso, sin sentido, impertinente, emocionante.
– Derek Taylor, Daily Express – 31 de Mayo de 1963
